Las inundaciones en Córdoba vuelven las miradas a su historia, a su agro, a la destinación ganadera de sus tierras y a su estrecha relación con el agua, que es abundante por la presencia de sistemas hídricos. Con la tragedia se destapan los culpables.
Hablamos del sistema del río Sinú, que recorre 460 km con 13 afluentes. Del San Jorge, que surca 368 km hasta desembocar en elCauca, que lo bordea por Ayapel, uno de los municipios que comparten La Mojana, o el del río Canalete, que baña la subregión de Morindó.
En el Alto Sinú, arriba de Tierralta, comenzó a operar en el año 2000 la hidroeléctrica de Urrá, con 340 MW de capacidad instalada y cuatro turbinas. La construcción de la empresa estatal tuvo un trasfondo sangriento: el asesinato del líder emberá katío Kimy Pernía a manos del paramilitarismo, junto con varios investigadores sociales que se oponían al proyecto.
La zona de amortiguación hídrica está conformada por un complejo cenagoso del Bajo Sinú (Grande de Lorica, de Momil, de El Quemado) y de Betancí y Ayapel. Sin embargo, estos cuerpos de agua fueron sometidos a desecación, lo que agravó las inundaciones.
En la de Betancí, por ejemplo, Salvatore Mancuso levantó un muro para resguardar una hacienda. Estas intervenciones profundizaron la desigualdad en la distribución de la tierra con coeficientes de Gini hasta de 0,83 en los principales municipios (ZPPA, Córdoba, abril de 2025). Otros cuerpos de agua, como el humedal Berlín y la ciénaga Martinica, se urbanizaron con la alcahuetería de los alcaldes de Montería.
Aunque los distritos de riego favorecen a 45.000 hectáreas, el 60 por ciento del área rural se dedica a la ganadería extensiva, pese a que los suelos aptos para pasturas son solo el 16,8 por ciento de la frontera agrícola. Una contradicción absurda, considerando que el Banco Mundial clasificó a Córdoba como un departamento con más kilómetros cuadrados de tierra de altas calidades en Colombia (BM, 1996).
Córdoba sufrió una cruda violencia entre 1997 y 2007. Hubo 74.784 desplazados, que abandonaron 60.851 hectáreas, de ellas 8.082 por incidencia paramilitar y 51.808 por otros grupos. “Concentró más la propiedad” y trajo “la urbanización acelerada de una parte de la población” a cabeceras municipales, “incapaces de proveer viviendas y servicios” (Reyes, 2009).
A esto se suman los efectos de la apertura económica y los TLC, que redujeron las áreas en cereales y oleaginosas. El modelo especializó al departamento en géneros tropicales y mantuvo el predominio de la ganadería. Hoy existen 1,4 millones de hectáreas en 31.599 predios, con 2,4 millones de cabezas (ver cuadro).

Sobre esta frágil estructura productiva y del suelo cayeron en febrero de 2026 tres frentes fríos. Las crecientes del Sinú y del San Jorge superaron sus cotas máximas, aunadas al desembalse de Urrá, que operaba por encima de su capacidad y de la altura de rebose. En un solo día cayeron 145 mm de agua, el equivalente a un mes en el régimen normal de lluvias. “Ningún sistema hidráulico está preparado para esto”, dijo la autoridad ambiental. Con el diluvio, reflotaron los fantasmas históricos de Córdoba: libre comercio, inequidad en la propiedad rural y violencia. Una mezcla explosiva.
Mención aparte merece La Mojana, víctima de 41 inundaciones desde 1916. Las más graves, en el crítico punto Caregato, en 2005 y en 2021. Se intentó corregir en 2006 con un dique por la orilla, que fracasó al desatender un estudio colombo-holandés de 1978, que lo recomendó, pero edificado 400 metros tierra adentro de la margen izquierda del Cauca. En adelante, todas las iniciativas han sido de emergencia y sin planeación.
En 2025, la UNGRD, ya dirigida por Carlos Carrillo, contrató, de marzo a noviembre por 16.097 millones de pesos, maquinaria amarilla para aumentar un 20 por ciento la capacidad hídrica del canal de la Esperanza (UNGRD, Orden n.º 013-2025-SMD-GS-MQS). En junio, un concepto técnico de la Facultad de Ingeniería Civil de la Universidad Javeriana señaló la falta de un modelo hidrodinámico que lo justificara (U. Javeriana, Escobar, J., 11/6/25). Carrillo, el 22 de febrero de 2026, confesó con descaro al periódico El Meridiano que “le había quedado grande”; es decir que la plata se perdió (video, El Meridiano).
Tan provocador como este desaguisado es escuchar a la ministra Carvajalino hablar de un nuevo “modelo agrario” para Córdoba. ¿Con los TLC vigentes? ¿Con el Clan del Golfo-AGC campeando? ¿Sin solución estructural para La Mojana? ¿Con una lentísima reforma agraria? ¿Con tumbar unos jarillones tal como insiste Petro? ¿En qué gastarán entonces 8 billones de pesos? ¡A Córdoba no solo la ahoga el agua: también la molicie gubernamental!










