OPINIÓN

David René Moreno Moreno

Más claro no canta un gallo

Votar es un derecho, un deber y una responsabilidad de todos los ciudadanos.
21 de enero de 2026, 11:00 a. m.

Estamos a solo siete semanas de las elecciones de Congreso y, por consiguiente, las campañas políticas se están llevando a cabo a marchas forzadas en todo el territorio nacional; sin embargo, lo que se ha temido durante los últimos años está sucediendo hoy en las narices de las autoridades y se relaciona con las amenazas e intimidaciones a los electores por parte de los diferentes grupos de narcoterroristas que buscan impedir las elecciones libres e imponer por medio del uso de las armas a los candidatos que son afines a sus actividades criminales.

La izquierda está empeñada en mantenerse en el poder y por todos los medios está buscando convertir al pueblo colombiano en rehén de un sistema político obsoleto y desprestigiado, gobernado por una ideología que —se ha demostrado ampliamente— es la causante de crisis económicas, despilfarro de los recursos estatales, generadora de ineficiencia burocrática, polarización de la población, empobrecimiento de la sociedad y cuna de una gran corrupción, lo cual motivó la transformación de su filosofía, originando hace 35 años el colapso de la URSS y del mismo comunismo.

‘Todos los extremos son viciosos’, reza la frase popular y es así como gobernar con odio, resentimiento y espíritu de venganza impide generar el ambiente adecuado para el sano desarrollo de una sociedad que posee todas las cualidades para ofrecer la calidad de vida que merecen los ciudadanos de una verdadera democracia. Han pasado 42 meses de gobierno y cada día se observa con tristeza cómo se profundiza la brecha entre unos y otros, cómo la lucha de clases que se impulsa desde la cabeza del Ejecutivo genera más rencores y resentimientos, lo cual será muy difícil de reparar.

La mentira a flor de labios convertida en mitomanía trata de distorsionar la realidad para esconder las amargas verdades y el ‘personaje de marras’ piensa que la narrativa empleada logra anestesiar el buen juicio y la comprensión de todos los ciudadanos. Quienes hoy siguen como borregos a su amo lo hacen porque los obligan algunos sindicatos, porque les ofrecen un billete, porque les prometen beneficios que nunca llegan, y unos pocos porque las bodegas han acondicionado su cerebro, pero lamentablemente muchos permanecen ciegos, sordos y mudos ante el descalabro que estamos viviendo.

Las ejecutorias del Gobierno han demostrado que la izquierda no estaba preparada para gobernar, ya que ha afectado la institucionalidad, debilitado a la Fuerza Pública, destruido el sistema de salud, permitido que se multiplique la producción de narcóticos y arruinado la economía, lo cual se refleja en el cambio de cerca de 60 ministros en solo tres años. Hay que reconocer que son muy buenos para incendiar al país, como sucedió en el gobierno Duque, y se destacan algunos por su apetito voraz frente a los recursos del Estado, donde brilla la corrupción, pero definitivamente ha quedado demostrado que la izquierda nunca será un camino de progreso.

El futuro puede ser prometedor o puede ser muy amargo para los 52 millones de habitantes, según sea la tendencia política que gobierne en el próximo período; recordemos que la democracia no es perfecta, pero es el único camino para gozar de libertad y orden en el país. El próximo 8 de marzo es el momento para darle otro rumbo a Colombia, y si todos somos conscientes, podemos contribuir a acabar con esta pesadilla.