OPINIÓN

Francisco Mejía

Mi voto es por Salvación Nacional

Por eso es tan importante un nuevo partido que compita y traiga renovación a la derecha y a la política.
2 de marzo de 2026, 10:55 a. m.

El fenómeno político hoy en Colombia se llama Abelardo de la Espriella, eso es indiscutible. Pero a su rebufo se está gestando otro fenómeno que es el de su partido, Salvación Nacional. Ellos representan la renovación de la política desde una corriente de nueva derecha popular que está transformando países en el hemisferio occidental con lideres como Trump, Meloni, Milei o Buckele. Sus ideas no tienen nada de extremistas, solo defienden sin claudicaciones valores fundamentales como la libertad, la vida, la economía de mercado, la familia, el orden, el sentido común y el imperio de la ley. Por eso, tantos colombianos han vuelto a creer en la política y quieren que en Colombia gobiernen esas ideas que están haciendo prodigios en tantos países.

Yo, habiendo sido fundador del Centro Democrático y votado siempre sus listas, me siento hoy mejor representado en Abelardo de la Espriella y en su partido Salvación Nacional, y por eso votare por él a la presidencia y por sus listas al Congreso. Creo sinceramente que la lista abierta al Senado de Salvación Nacional es superior a todas la demás. En ella mi candidato es Carlos Felipe Mejía (#2), pero es difícil escoger porque, empezando por su cabeza que es Miguel Gómez Martínez, la nómina es de mucha categoría. Lo anterior sin desconocer el servicio que el CD le ha prestado a la democracia, como una de las bancadas de oposición junto con Cambio Radical. Tampoco desconozco que en casi todos los partidos hay candidatos valiosos que le han hecho una oposición valiente a Petro y espero que sigan en sus curules.

Lo que si me parece lamentable es ver a dirigentes y candidatos del Centro Democrático atacando a Salvación Nacional con campañas sucias como esa de “no bote su voto”. En la última encuesta de AtlasIntel ya aparece Salvación Nacional como la tercera bancada mas grande del Senado, echando por tierra el engaño de que no llegaría al umbral. Quienes caen en ese error por el desespero, lo hacen además bajo la falsa premisa de que Salvación Nacional solo se nutre del Centro Democrático, lo cual es falso; a esta nueva fuerza llegaron inconformes de todas las tendencias, muchas personas que simplemente se abstendrían y hasta desengañados con Petro. Creo que no están entendiendo la realidad del país: la gente está fatigada del establecimiento, y eso los incluye a ellos, aunque sean oposición. Así lo revela también la última encuesta de AtlasIntel, que retrata la languidez de las consultas donde está representado todo el establecimiento del país. Más bien deberían agradecer que el outsider y su partido, que canalizan ese hartazgo, son el Tigre y Salvación Nacional, hubiera podido ser balín, otro Rodolfo o nadie, caso en el cual Cepeda ya sería presidente.

Pero más allá de las preferencias de cada cual, está pasando algo muy de fondo, que es la pérdida del monopolio de la derecha por parte del Centro Democrático, y eso es muy positivo, no solo para la derecha, sino para la supervivencia de la democracia liberal en el país, y también para el mismo Centro Democrático, aunque suene contraintuitivo.

Una analogía con la política española confirma mi tesis: por muchos años el Partido Popular tuvo el monopolio de la derecha y eso lo llevó a lo que lleva todo monopolio: a la complacencia. El partido renunció a dar la batalla cultural, sus líderes evitaban los debates que pudieran incomodar a la intelectualidad de centro izquierda, y aquellos que quisieron seguir con las banderas en alto, fueron orillados, como ocurrió con la gran Cayetana Álvarez de Toledo, que fue relevada de su cargo de portavoz del partido, porque era percibida como “extremista”. Lo mismo ocurrió con Isabel Diaz Ayuso, a quien le hicieron un montaje desde la misma dirección de su partido para sacarla de la escena política.

Hoy el PP tiene una competencia dura en la derecha con VOX, que irrumpió fuerte en la política Española con un discurso de nueva derecha como el de Giorgia Meloni en Italia. El resultado ha sido muy positivo para España, porque el voto de izquierda se ha reducido y el de derecha ha crecido significativamente: en varias comunidades autónomas como Valencia, Extremadura o Aragón, donde el PP nunca había podido ganarle a la izquierda, el bloque PP + Vox ha obtenido el triunfo. La competencia con VOX los obligó a no ser más ‘derechita cobarde’: hoy Cayetana es nuevamente portavoz adjunta del partido y está haciendo historia en el Parlamento español; su presidente, Alberto Núñez Feijoo, supo leer la coyuntura y está tomando posiciones firmes en temas como la inmigración; e Isabel Diaz Ayuso es reverenciada en su partido como la joya de la corona. Esas dos marcas haciendo pedagogía política, con sus matices, pero defendiendo valores fundacionales, tienen acorralada a la izquierda Española y sin duda la desalojara del gobierno en el 2027.

Por eso es tan importante un nuevo partido que compita y traiga renovación a la derecha y a la política como es Salvación Nacional; eso haría crecer el voto total de derecha. Un partido abierto a la deliberación y a la democracia interna, donde no se fabriquen lideres artificiales con un bolígrafo que luego decepcionan a su electorado. Un partido que no arrié sus banderas doctrinarias en las regiones a cambio de algunos votos de clientela. Un partido que no esté pensando en agradar a ese supuesto centro, que realmente se pliega la izquierda, abjurando de sus principios. Un partido que jamás mande delegados a mesas de paz total con el terrorismo, “para que no digan que no somos de paz”. En fin, un partido sin esos males que trae la complacencia del monopolio. Pero, además, Salvación Nacional tiene los títulos para ocupar el espacio del Partido Conservador, que, con honrosas excepciones, se ha convertido en una estafa ideológica para sus votantes y en un aliado de la extrema izquierda.