El último capítulo de la novela que el Gobierno montó sobre la salud fue epílogo de la de un artículo que describía —de forma sucinta— la destrucción de nuestro sistema de salud, publicado por el prestigioso British Medical Journal. Llovieron rayos y centellas de parte de los funcionarios y bodegueros del Gobierno sobre el atónito autor.
Pero ese batallón de áulicos jamás se imaginó que dicho capítulo iba a cerrar con la tremenda asunción de culpa, por parte del presidente, sobre la desastrosa intervención de las EPS que hizo su gobierno: echó toda el agua sucia sobre quien fuese su mano derecha durante el primer tiempo de gobierno y exculpó al exsuperintendente responsable llamándolo un “ingenuo héroe de la salud”.
Parece una comedia, pero es la expresión más patética de la epopeya que el propio presidente construyó para sí mismo, desde su ya famosa expresión de cómo las EPS caerían en su gobierno “como las fichas de un dominó” y la sentencia que sobre el sistema de salud lanzó la entonces ministra Corcho de inducir una crisis explícita al sistema.
Prácticamente todos los especialistas del sector lo advirtieron. La propia Procuraduría General de la Nación, en su momento, les hizo llegar muchas advertencias, pero nada les importó. Hoy los cientos de miles de tutelas y quejas de los colombianos dejan constancia del desastre.
Los resultados son demoledores: solamente la Nueva EPS podría estar superando los 25 billones en deudas a hospitales públicos y privados; tiene embargos por 2,5 billones de pesos, aproximadamente, y suman tres años sin presentar resultados financieros.
El heroísmo de los superintendentes del Gobierno comenzó desde muy temprano cuando apagaron el SuperRadar, la plataforma de información pública de la Superintendencia de Salud sobre los indicadores financieros y de servicios de las EPS e IPS, dejando al país a oscuras sobre la salud.
Parece que a esos supuestos héroes la información pública les molestaba. Acabaron con la información oficial. Convenientemente dejaron como su único faro y gurú a un tal Vicente Calvo. Un chavista venezolano, residente en Argentina, que no ha publicado un solo documento técnico o científico sobre el sistema de salud colombiano, pero al cual le creen y reproducen cada falacia con total devoción.
¿Héroes ingenuos? La supuesta ingenuidad de los superintendentes del Gobierno es un mal chiste. ¿Cómo es posible que un superintendente acepte hojas de vida y después se haga víctima sobre sus propios nombramientos haciendo las denuncias correspondientes, solo después que Caracol había puesto en la opinión pública los presuntos actos de corrupción del algunos de los interventores nombrados?
¿Acaso nadie les explicó a los ‘ingenuos superintendentes’ que, si bien la Superintendencia depende directamente de la Presidencia y está adscrita al Ministerio de Salud, las funciones y el propio cargo les confiere completa autonomía (y por ende completa responsabilidad sobre sus actuaciones)? ¿Por qué esos ‘ingenuos superintendentes’ recibían las hojas de vida que les proporcionaba un funcionario cualquiera?
¿Fue ingenuidad que los superintendentes del Gobierno hayan pasado por encima de los procesos y listas categorizadas de interventores que contaba desde tiempo atrás la Superintendencia? Existe un registro calificado de interventores —por calificaciones y experiencia— desde hace muchos años (Rilco), del cual apartarse debería requerir justificación necesaria y suficiente.
Pero, además, hay varias inquietudes sobre las inacciones de esos héroes. ¿Cómo dichos ingenuísimos superintendentes han permitido que las entidades intervenidas sigan funcionando durante años sin reportar los indicadores o catálogos financieros? Valga un ejemplo: ¿por qué razón los interventores de la Nueva EPS no han sido sancionados por no entregar los estados financieros —durante los últimos tres años— de una entidad que es responsable de la salud de 11 millones de colombianos?
Pero más allá de cualquier ingenuidad, ¿cómo es posible que no haya avance en las investigaciones sobre cómo fue que un tercero —no ligado a la SuperSalud— haya presumiblemente terminado postulando los pagos a las IPS? Este hecho también fue denunciado en su momento por Caracol. Adicionalmente, ¿qué ‘ingenuos’ los de la Superintendencia, que estuvieron vinculados a una operación que terminó detrás de una cortina de humo del Gobierno, acusando a la entidad dueña del dominio del correo electrónico que utilizó ese tercero, con evidencias que, por mucho, alcanzan para un caso de abuso de confianza?
Estos son clarísimos ejemplos de la épica narrada por el propio presidente con su ideologizado “shu-shu” de la salud. Nadie se ha tomado el trabajo de investigar, todo queda en el aire, pero seguramente en el fondo se esconden las verdaderas razones del tremendo desastre de la salud en Colombia. Un desastre intencionado, anunciado y ejecutado sin remordimiento, pero frente a cuyo oloroso cadáver hoy quieren posar de “ingenuos héroes”.









