Las elecciones del próximo 8 de marzo son el comienzo de la reconstrucción de Colombia o de cuatro años más de desgobierno, corrupción, destrucción institucional y empoderamiento de las mafias criminales. La elección del nuevo Congreso se vuelve vital en este peligroso escenario.
En la calle mucha gente me pregunta: “¿Qué vamos a hacer?”. Mi respuesta en todos los casos es, primero que todo, ¡no bote su voto! El voto útil en este momento es el primer paso para neutralizar el caos en caso de que Iván Cepeda o Roy Barreras lleguen a la presidencia. Si este escenario se da, ese Senado debe oponerse a más destrucción institucional y frenar las leyes con las que quieren acabar aún más la economía privada, la sanidad fiscal y sectores como el de la salud, la energía, el gas y el petróleo, para solo mencionar algunos. Y en la Cámara es fundamental elegir bien; en esa corporación es donde más se venden los congresistas, para elegir una Comisión de Acusaciones que frene rápidamente los abusos de poder y mande a juicio al Senado al presidente para destituirlo, como ha debido suceder con Gustavo Petro.
El Congreso es el primer eslabón de una cadena que la mafia y los corruptos, como quedó en evidencia en este Gobierno, compran para lograr sus objetivos. En este caso, promovido desde el mismo Palacio de Nariño, la corrupción para satisfacer los egos de turno, comprar conciencias y, de paso, enriquecer al entorno del presidente, incluyendo su familia, se habría podido frenar si la Cámara hubiera actuado, obvio, de manera legal. Las evidencias estaban ahí, pero quienes hoy componen esa Comisión no daban la talla o estaban comprados. Nada que hacer.
Y en caso de que esa izquierda pierda las elecciones, va a ser necesario un Congreso serio, decente, impoluto para hacer las transformaciones legales e institucionales para, primero, evitar que un presidente con designios autoritarios pueda hacer lo que Petro hizo y, segundo, que si lo trata de hacer, pague hasta con cárcel sus intentos de violación de la ley y la Constitución.
Perú es un ejemplo. El Congreso puede destituir a un presidente. Un modelo que se debe evaluar y de pronto puede seguir. Hay muchas otras reformas que se deben hacer, pero se va a necesitar un Congreso distinto al de hoy; aunque, hay que reconocerlo, si bien se vendieron muchos congresistas de los partidos Liberal, Conservador, Cambio Radical y La U, al final cumplió su papel y evitó un desastre aún mayor. Lástima que un hampón como el ministro de Salud no haya sido destituido por el Senado. Razones de sobra había. Otro motivo más para tener un Senado que no se venda y que sea verdaderamente un balance a la corrupción, al autoritarismo y todo lo que esa izquierda, y hay que incluir a Barreras así no sea de izquierda, representa.
Por eso vuelvo al título de esta columna: ¡No bote su voto! ¿Cómo? Hágase las siguientes preguntas. Primero, ¿en ese partido se vendieron los congresistas y senadores? Segundo, ¿cuántos y cuáles? Esa lista la vamos a hacer pública, aunque no es difícil saber quiénes son, y la vamos a masificar, en especial en las regiones de donde son o donde más votos tienen esos representantes y senadores. Claro, usted quiere votar por un senador bueno o un representante bueno del Partido Liberal, Conservador o cualquiera de los otros. Hay muchos, pero el cálculo que debe hacer a la hora de depositar su voto es si en ese partido se puede confiar, pues uno, dos, tres o cinco senadores y representantes buenos no son suficientes para frenar una ofensiva de corrupción brutal y una presión máxima como la que va a ejercer esa izquierda si llega al poder. Lo vivimos en estos cuatro años. No permitamos que se repita.
Si el colombiano que no vive de las dádivas del Estado, que no depende del congresista que le consigue un trabajo, que vive de su esfuerzo diario, que le duele y le indigna la corrupción, que sufre la violencia de las organizaciones criminales y que está preocupado por su futuro y el de sus hijos, de sus nietos y de sus padres y hermanos, se decide por un voto útil, podemos elegir un Congreso distinto que verdaderamente sea un balance frente al autoritarismo, que castigue la corrupción en el Ejecutivo y que no se entregue cuando le muestran un contrato.
El único partido que cumple hoy con ese requisito, que no se vendió, que dio la pelea los casi cuatro años de Petro, fue el Centro Democrático. Su coherencia ideológica, desde que se fundó, es clarísima y no está al vaivén del gobernante de turno o la moda del momento. ¿Quién lideró el No en el plebiscito sobre la negociación con las Farc? ¿Quién lideró la oposición a Petro?
¡No botes tu voto! La lista de Fico es un flaco favor a Quintero, pues no va a lograr el umbral. Esos votos se pierden. La lista de Salvación Nacional va a ser un fracaso, aunque los pocos que salgan van a ser aliados en esta lucha. El Centro Democrático necesita tu voto útil. Claro, el CD no es perfecto ni mucho menos. Pero tiene líder y tiene ideas claras. Y si ese líder vuelve al Congreso, está de 25 en una lista cerrada; la recuperación de Colombia tiene chance.









