OPINIÓN

Jorge Humberto Botero

Otro reto enorme

Numerosos son los escollos que gravitan sobre los comicios de este año.
20 de enero de 2026, 2:33 p. m.

La democracia no se agota en las elecciones, pero que ellas se realicen con regularidad, garantizando transparencia y equidad en la competencia, es indispensable para que exista la democracia liberal, que es aquella en la que opera el Estado de derecho y se respeta la división de poderes. Esta precisión es importante porque existen otras, populistas o antiliberales, en las que un líder carismático, ungido por el pueblo en un momento refundacional, gobierna con grados amplios de libertad, bajo la hipótesis de que es el único intérprete del querer popular. Las elecciones posteriores solo en apariencia son competitivas y el caudillo las gana con enorme facilidad, hasta cuando esa mágica simbiosis se rompe.

Las elecciones realizadas en 1999, en las que triunfó Chávez en Venezuela, fueron transparentes, aunque ya en el poder consideró necesario cambiar la Constitución por otra que le concediera mayores poderes. De allí en adelante, las elecciones suyas y de Maduro transcurrieron sin problemas; su manipulación no era demostrable; la oposición estaba silenciada. El fraude evidente cometido en los recientes comicios implicó la pérdida definitiva de su legitimidad. Pasó de ser populista a dictador.

La Registraduría ha implementado con éxito los procesos electorales adelantados desde 1991. La eficacia y pulcritud de su trabajo ha sido reconocida por los actores políticos relevantes, con una sola excepción: Petro, a pesar de haber perdido las elecciones presidenciales en 2018 por amplio margen, sostuvo, sin prueba alguna, que hubo fraude.

A su vez, la Procuraduría, que actúa con buen criterio, ha puesto en marcha un plan de acción para garantizar el derecho de los ciudadanos a votar con libertad. Para lograrlo, el papel de la Fuerza Pública es indispensable. Por fortuna, nadie pone en duda su neutralidad. Contamos con medios de comunicación independientes que están dando la batalla a la prensa oficial y a los bodegueros que el Gobierno remunera con nuestros impuestos. Además, este año tendremos de nuevo la presencia de observadores internacionales durante el proceso electoral.

Confío en que la Contraloría, como lo ha venido haciendo, velará por la integridad del patrimonio estatal. El más reciente abuso es la asunción con fondos públicos de los gastos judiciales de Petro, en sumas inverosímiles y, para colmo, por asuntos que no están referidos al ejercicio del cargo.

En cuanto a las altas cortes, es evidente que sus actuaciones han sido admirables por su ecuanimidad y valentía.

Infortunadamente, son precarios los mecanismos para sancionar a los candidatos que excedan los topes financieros “con la pérdida de la investidura o del cargo”, tal como lo dispone la Constitución; que esa regla se cumpla es indispensable para que la carrera por los votos sea igualitaria. Petro concluirá su mandato con total impunidad.

Con sus fortalezas, que no son pocas, y algunas debilidades, estas son las instituciones con las que contamos para afrontar unos comicios de singular dificultad. En efecto:

El Gobierno está realizando sus mejores esfuerzos para sesgar el resultado en favor de su candidato. Se ha endeudado en cifras escalofriantes para gastar en programas destinados a afianzar la adhesión de su “pueblo”. Con ese mismo objetivo ha subido el salario mínimo por fuera del marco legal y sin tener en cuenta que los más pobres —los que no reciben el salario mínimo— serán las principales víctimas de su generosidad, y que el auge previsible de la inflación tendrá muy nocivos efectos.

Ha decretado nuevos impuestos con fundamentos jurídicos deleznables. Apuesta a que, si se le cae la Emergencia Económica, no tendrá que devolver los dineros ya captados. La mala fe es ostensible. Pretende privar a las entidades territoriales de ingresos suyos, una clara violación de la autonomía que a ellas corresponde.

Petro ha puesto en marcha un proceso cuyo objetivo es cambiar la Constitución. Para disimular el afán proselitista, que se materializa en la recolección de firmas, que ya se encuentra en curso, dice que la iniciativa solo llegará al Congreso luego del fin de su mandato. Un evidente sofisma. Si el candidato oficial pierde, es previsible que diga que le hicieron trampa y convocará a “su” pueblo para anular, en una revuelta callejera, el veredicto de los ciudadanos.

Puede que “le suene la flauta”. En julio de 1789, de manera un tanto sorpresiva, ocurrió la toma de la Bastilla, que fue el gran catalizador de la Revolución Francesa. El estallido social en Chile en 2019 tuvo como detonante un incremento marginal de la tarifa del metro de Santiago. No obstante, abrió el camino para una constituyente y para la elección de un presidente comunista. Entre nosotros, el “florero de Llorente” en 2021 fue una reforma tributaria bien concebida, aunque mal presentada. Las huestes revolucionarias paralizaron el país, pero no lograron derrocar el gobierno. A los buenos revolucionarios les toca, entonces, persistir. Las revoluciones nunca son fáciles. Quien no crea, que le pregunte a alias “Aureliano”.

Otro gran factor de interferencia proviene de las acciones que adelanten los Estados Unidos en pro o en contra de algunos candidatos presidenciales. Lo harán con fundamento en la estrategia de Seguridad Nacional divulgada a fines del año. Allí se dice que “queremos asegurarnos de que el hemisferio occidental permanezca razonablemente estable y suficientemente bien gobernado”. Con este sustento capturaron a Maduro, y amenazaron a México y Colombia. El presidente Trump ha dicho, con singular franqueza, que los únicos límites que reconoce son los que provienen de su propia moralidad. Sus palabras equivalen a las del rey Luis XIV de Francia en 1655: “El Estado soy yo”. Uno y otro reclaman para sí el poder absoluto.

El crecimiento de los grupos armados agrava un problema de violencia estructural. Solo que antes eran adversarios del gobierno y, en la actualidad, como a su indulgencia mucho deben, le están ayudando. Repudian la presencia de ciertos dirigentes políticos en sus territorios, han cooptado muchas juntas de acción comunal y tienen candidatos propios al Congreso. El ELN está regresando desde Venezuela por razones de seguridad. Será aquí otro factor de perturbación.

Ante un panorama tan complejo, ¿habrá espacio para el optimismo? Cedo la respuesta a Winston Churchill: “El optimista ve lo invisible, siente lo intangible y logra lo imposible”.