OPINIÓN

Aurelio Suárez Montoya

Petro, cipayo de Wall Street

Las secuelas de esta maniobra con el agiotista Pimco son graves, aunque el Gobierno intente normalizarlas.
10 de enero de 2026, 7:36 a. m.

La retórica “libertaria” del gobierno del “cambio” es una farsa colosal. Para la muestra, su relación con Wall Street. A Petro le fascina usar el calificativo de cipayo, término histórico para los soldados indios reclutados a sueldo por las potencias europeas. Hoy su acepción general es la de secuaz del lucro de los poderosos.

Esto fue lo que ocurrió con la reciente operación de crédito: una transacción directa, sin concurso de mercado ni subasta competitiva entre creadores de deuda, pactada con el fondo norteamericano Pacific Investment Management Company (Pimco) por 23 billones de pesos, 6.000 millones de dólares a una tasa de cambio aproximada a 3.833 pesos cada uno. El acuerdo fijó una tasa de interés promedio del 13,15 por ciento anual a mediano plazo. Según Germán Ávila, ministro de Hacienda, fue “una venta de tesorería y de portafolio, cerca de la mitad, y la otra mitad emisión nueva de TES” (La República, 23/12/25).

Ávila expone que hubo un canje de TES vencidos –tomados a menor valor– y otros nuevos emitidos para la operación especulativa. Si el plazo de pago es a diez años, la tasa pactada a la que se transó es muy superior a la de Perú y México. Pero lo más grave –y que también podría implicar un detrimento patrimonial millonario– es que supera a la del mercado ordinario de subastas. Se pagó un sobreprecio a favor de un fondo financiero internacional y no era suficiente, como dice Ávila, tener de referencia a “otras cotizaciones”, desestimando que el parámetro real era el del mercado de deuda.

No es extraño que Pimco fuera el comprador. Al revisar su composición accionaria, el dueño mayoritario es Saba Capital Management LP. Este hedge fund se define como un operador de transacciones por “encima del mercado”, y posee la tercera parte de las acciones (https://www.marketscreener.com/quote/stock/PIMCO-54039173/company/).

Sus colocaciones de capital persiguen rentabilidades agresivas aprovechando las urgencias del cliente. En este caso fue la falta de liquidez del Gobierno de Petro para cubrir gastos ordinarios de caja y el pago del servicio de más deuda. Saba, el poder dominante en Pimco, tiene como objeto “la gestión de activos alternativos que busca ofrecer rentabilidades superiores ajustadas al riesgo”. No son monjas de caridad, son finos especuladores (ver https://www.sabacapital.com/).

Las secuelas de esta maniobra con el agiotista Pimco son graves, aunque el Gobierno intente normalizarlas. En primer lugar, la monetización de 6.000 millones de dólares asfixia el peso y trae una revaluación que perjudica a los exportadores. Un ejemplo: 550.000 familias minifundistas productoras de café vieron caer el precio interno de la carga de 2.889.633 pesos, en promedio en noviembre, a 2.598.000 pesos en diciembre y con leve reacción en enero. Una caída del 10 por ciento que las empuja peligrosamente a su punto de equilibrio.

Asimismo, se sienta un grave precedente a futuro. Según el Banco de la República, la tasa de los TES, pagaderos a diez años, saltó del 12,42 por ciento (enero-noviembre) al 12,84 por ciento tras la operación con Pimco. Al pagar estos puntos adicionales de forma privada a un fondo de cobertura, se empuja hacia arriba el piso del costo crediticio para 2026. Es una ironía que Petro, el abanderado del “cambio”, resulte ser un eficaz presidente para los intereses de los banqueros (BIE, Banrep).

Contrario a la estridente retórica antitrumpista de antes de la suplicante llamada telefónica del 7 de enero de 2026, la subordinación de las finanzas públicas alcanza proporciones extraordinarias. En agosto de 2022, el Gobierno Nacional Central debía 805 billones de pesos, mientras que en diciembre de 2025 la deuda sube a 1.200 billones: un aumento del 50 por ciento. Hace 40 meses cada ciudadano debía 16 millones de pesos; hoy, por el nuevo endeudamiento, debe 24 millones. El servicio anual de pago de amortizaciones del capital más los intereses, entre 2024, 2025 y el proyectado a 2026, sumará más de 300 billones de pesos. Es un “gota a gota” oficial.

Cuando Petro justifica la sujeción a los buitres financieros de Wall Street para cumplir con “el gasto social”, como el subsidio a “los viejos” vulnerables, revive aquella sentencia de Carlos Marx: “Regalar y recibir prestado: a eso se limita la ciencia financiera del lumpemproletariado, lo mismo del distinguido que del vulgar” (Marx, 1852).

Si los partidos “alternativos” no vivieran enfrascados en la más burda politiquería, si las centrales obreras no estuvieran cooptadas, si la juventud universitaria no anduviera de celebración con los ministros petristas que los engañan con falsas reformas y si la mayoría del campesinado se liberara del control oficial, millones corearían: ¡Fuera Petro, cipayo de Wall Street!