OPINIÓN

Salud Hernández-Mora

Petro hincó la rodilla ante el amo Trump

Petro arrinconó su apolillada verborrea e hincó la rodilla ante el patrón.
10 de enero de 2026, 7:37 a. m.

Sin el garrote de la Lista Clinton, Gustavo Petro no se habría postrado ante su aborrecido Donald Trump. Pensaba dedicarle una ristra de improperios en la menguada Plaza de Bolívar con tres objetivos: jalear a su famélica fanaticada, victimizarse con el invento de estar a punto de sufrir una extracción gringa a lo Maduro y promover su papel de enemigo planetario de la Casa Blanca.

Pero en cuanto le brindaron la ocasión de rendir pleitesía al patrón capitalista, arrinconó su apolillada verborrea e hincó la rodilla. Otro gesto que evidencia la insalvable distancia que lo separa de la estadista María Corina Machado. Mientras la respetada líder opositora ofrece su merecido Nobel al estadounidense con el único propósito de que siga empujando el derrocamiento de la tiranía, el mandatario socialista agacha la cabeza para que el Departamento del Tesoro los saque del grupo de parias financieros.

La primera dama, de explosivo carácter y nulo oficio, ansía abandonar la jaula dorada colombiana para volver a recorrer la Europa rica, rumbear con millonarios y comprar prendas de lujo con tarjeta de crédito y no con billetes en una tula. También Petro se sueña recorriendo el mundo en su condición de autoproclamado salvador de los pueblos oprimidos el día que deje el poder.

Por mucho que lo pretenda disfrazar de pragmatismo diplomático, detrás de la arrodillada petrista no existió voluntad distinta a salvaguardar intereses particulares, a implorar, insisto, en que les retiren esa suerte de grillete viajero. Porque a Gustavo Petro únicamente le nace estrechar lazos con gobiernos y dictaduras de signo comunista.

Como en algún momento de la mencionada conversación telefónica debió temer que no mostraba suficiente abyección, tuvo la desvergüenza y el cinismo de pedir a Trump que Venezuela ayude a combatir al ELN en la frontera. Argumentó, con total descaro, que la guerrilla escapaba de los militares patrios cruzando la línea divisoria y no siempre sus pares venezolanos colaboraban en la tarea de enfrentarlos (¿no siempre?).

Aprovechando que la trampa le salió bien y lo invitaron al Despacho Oval, se postuló como mediador en la crisis venezolana y blanqueador de la criminal Delcy Rodríguez. De esa manera también intentará salvar los restos del naufragio del Foro de São Paulo –invento de Fidel que Chávez financió– y adquirir el ansiado protagonismo latinoamericano.

La visita oficial de tamaña delincuente supone una ignominia para Colombia. Que la administración Trump haya cometido el error de elegirla para sustituir al capo di capi y guiar la transición política no resta un ápice de su responsabilidad en los crímenes del chavismo.

Si alguien conoce bien a esa tipeja y a su alter ego, es la periodista venezolana Ibéyise Pacheco, autora del imperdible Los hermanos siniestros. Describe a una pareja que siempre ambicionó conquistar el Palacio de Miraflores al coste que fuera.“Cualquiera que los subestime, se equivoca. Son desleales y, como enemigos, temibles, implacables, vengativos, inteligentes. También, acomplejados y vanidosos”, describe Pacheco. “Entre ellos son indivisibles, los une, además de la ambición, la fuerza del resentimiento, de ansias de venganza”.

En la obra, escrita hace siete años, la periodista exiliada, como todos los colegas que no son lacayos del chavismo, profetizaba lo que esta semana consiguieron los Rodríguez: “La venganza, como leitmotiv, intenta disfrazar su impúdico amor por el dinero y el poder. Jorge quería ser presidente y ella trabajaba para que lo logre. Y si él no puede, ella lo hará”.

De ahí que vendieran a Nicolás Maduro y Cilia Flórez y pasaran de un agresivo discurso antiimperialista a aceptar de manera sumisa al nuevo amo. Al igual que algunos políticos de la extrema izquierda colombiana, sacaron jugo a la muerte, a manos de militares, de un papá guerrillero, condenado por secuestro.

Delcy estudió en Francia con una beca, dentro de un programa del Gobierno de la época para fomentar la formación en el exterior. “Nada puede devolverte a tu padre. Pero asumimos ofrecerte protección y ayuda”, le dijo entonces el papá de Leopoldo López, encargado del plan.

Como es habitual entre los comunistas, Delcy utilizó la democracia para escalar en política y ayudar después a subyugar y reprimir a sus compatriotas con una sádica crueldad, incluido el opositor López.

Entre sus inconfesables aficiones, al margen de engordar sus arcas y despilfarrar lo robado, figura torturar presos políticos de renombre, quienes, a diferencia de su papá, condenado por secuestro, no habían cometido delito alguno. Pacheco rememora que le apasionaba grabarlos en sus mazmorras, verlos sufrir.

Por eso indigna la campaña de ciertos círculos de poder para presentarla como una mujer moderada, dialogante, preocupada por la suerte de sus conciudadanos, dispuesta a impulsar el camino hacia la libertad, ignorando que solo es una criminal, ávida de plata y poder, capaz de vender su alma al mejor postor, una y mil veces.