OPINIÓN

Julio Londoño Paredes

Primer año de Trump: de Groenlandia a América Latina

Es evidente ahora la pugna de intereses en el mapa geopolítico del mundo.
23 de enero de 2026, 11:00 a. m.

Trump completa un año de mandato durante el cual ha conmocionado al mundo. Su característica especial es que cada día dice o hace cosas impredecibles que parecen sacadas del sombrero de un mago.

Afirma que está solucionando conflictos en los cuatro puntos cardinales, comenzando por la guerra de Rusia contra Ucrania y la crisis entre Israel y Hamás. Sin embargo, parecería que ninguna de esas gestiones se ha podido consolidar definitivamente; por el contrario, está abriendo “camorras” por todas partes, incluyendo a sus aliados de la Otan.

La atención hacia América Latina, Venezuela, Colombia y Cuba se deriva posiblemente de que el secretario de Estado, no solamente es nacido en Cuba, sino que su esposa es de ascendencia colombiana. Rubio sabe muy bien que, siendo uno de los más cercanos asesores de Trump y que se está jugando la Presidencia en competencia con el vicepresidente Vance, tiene la tarea no solo de alejar del continente a China y a Rusia, sino también al socialismo en sus diferentes modalidades.

Trump ha alzado la bandera de la seguridad interna de Estados Unidos y apunta las baterías no solo contra Venezuela, sino contra México y Colombia aduciendo el problema de las drogas, así como la presencia de carteles y de grupos armados. El caso de la migración lo está solucionando ‘a la brava’.

Trump adelanta, igualmente, una ofensiva para apoderarse de Groenlandia. Pasando de la amenaza armada y la imposición de aranceles a los países de la Otan que enviaron efectivos militares, hasta la compra de la isla a precios astronómicos. Aduce que Groenlandia es fundamental para la defensa y seguridad de Estados Unidos, agregando que sus rivales Rusia y China la están pretendiendo.

En Davos afirmó que llegó a un acuerdo satisfactorio para Estados Unidos con la Otan: el Gobierno de Dinamarca declaró que en él no se cuestiona la soberanía danesa. El que sí la objetó fue Rusia.

El Ártico es, silenciosamente, una de las zonas de mayor importancia estratégica en el mundo. Siguiendo las normas de la convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, seis estados tienen pretensiones sobre ella alegando una plataforma continental extendida mas allá de las 200 millas y hasta 350 millas de sus costas: Rusia, China, Dinamarca, Noruega, Canadá y Estados Unidos.

Con el deshielo progresivo del Ártico parecería que se está desempolvando la tesis del ‘Dominio del Polo Norte’, del geopolítico norteamericano George T. Renner, nacido en 1900. Renner afirmó que “quien controle la región ártica tendrá una ventaja estratégica global en el mundo”. Adujo que es el punto más corto entre los grandes centros de poder, una ruta aérea fundamental entre Oriente y Occidente, un eje marítimo esencial y —además— un depósito privilegiado de recursos.

Seguiremos a la expectativa sobre las acciones del señor Trump. Le quedan tres años.

A principios del siglo XX, un canciller colombiano dio instrucciones al embajador en Washington para que consiguiera la compra del archipiélago de San Andrés por Estados Unidos. No lo logró…