OPINIÓN

Wilson Vega

Project Hail Mary y el triunfo del ‘competency porn’

La noción de ver a gente muy buena en lo que hace usando sus conocimientos y habilidades para evadir el desastre es el núcleo de esta cinta.
13 de marzo de 2026, 10:00 a. m.

2026 es un buen año para el competency porn. El término fue acuñado en 2009 por el guionista John Rogers, que lo describió como “una forma abreviada de hablar del tipo muy específico de satisfacción que sentimos al ver a personas manejar con competencia situaciones complejas usando habilidades y conocimientos especializados que todos podemos apreciar”.

No importa si son ladrones (Ocean’s Eleven) o tripulantes de una nave espacial (Star Trek), la noción de ver a gente 'muy buena en lo que hace’ usando sus conocimientos y habilidades para evadir el desastre es el núcleo de este concepto que este año, decía, vive un buen momento gracias a dos grandes exponentes.

En la televisión avanza la segunda temporada de The Pitt, un drama médico de HBO que retrata en tiempo real las tensiones y emociones de una sala de urgencias en un hospital de Pittsburgh. La representación de la medicina de urgencias moderna es, en este programa, tan excepcional, realista y competente que a menudo se le describe como el drama médico más preciso de la televisión.

Pero también están ahí obras recientes como The Diplomat (diplomáticos), The Paper (periodistas) y hasta Dexter (asesinos). A todos los precede una larga lista de shows sobre abogados competentes, de Suits a The Good Wife.

La llegada de Project Hail Mary a las salas de cine, este 19 de marzo, no es sino la ratificación de esta ola. La cinta, basada en la tercera novela de Andy Weir, el autor de The Martian, busca replicar la fórmula de esa obra, que es, justamente, la competencia profesional frente a la catástrofe más impensable.

La dirección de la película estuvo a cargo de Phil Lord y Christopher Miller, que desde que estrenaron Cloudy with a chance of meatballs, en 2009, no han fallado en sorprender, ya sea dirigiendo (21 Jumpstreet, The Lego Movie), produciendo (The Mitchells vs. the Machines) o escribiendo (Spider-Man: Into the Spider-Verse, Spider-Man: Across the Spider-Verse). Esa experiencia les evita repetir los errores comunes de la ópera espacial para centrarse, sin atribular al espectador, en exitazos como la termodinámica, la biología molecular y la lingüística aplicada.

La narrativa sostiene un equilibrio entre la supervivencia extrema y la resolución de problemas mediante el método científico. Es cierto que, a diferencia de The Martian, deposita mucho de su peso dramático en la relación del personaje principal con un improbable aliado, pero también es cierto que tiene tanto respeto por las capacidades de aquellos que dominan sus respectivos campos que hasta se permite hacer su propio chiste de Meryl Streep.

Para no ir a ciegas, baste decir que la trama arranca con Ryland Grace, un profesor de secundaria y exbiólogo molecular, quien despierta en una nave espacial sin memoria de su identidad o de su misión. Pronto descubre que es el único sobreviviente de una tripulación enviada al sistema Tau Ceti para despejar un misterio interestelar: el Sol está perdiendo luminosidad y fallar en detener ese proceso amenaza con extinguir la vida en la Tierra en pocas décadas.

La operación para impedirlo es, en sí misma, una oda a la competencia, encarnada en la figura magnética de Eva Stratt, una alemana de voz suave y aspecto modesto a quien la humanidad enviste con poderes plenipotenciarios por encima de cualquier soberanía nacional. Básicamente, lo que ella determine que se necesita para salvar al planeta, ocurre, porque… bueno, porque la alternativa es la muerte de miles de millones de personas.

Ahora, si la competencia extrema destella en la película es gracias a la competencia extrema que se aplicó para hacerla. El diseño de producción destaca por su realismo técnico: La nave —¿que se llama Hail Mary en alusión a la jugada que se realiza sin mucha esperanza de éxito cuando ya todo está prácticamente perdido— no presenta pasillos amplios ni gravedad artificial injustificada. Se basa en la rotación para generar fuerza centrífuga, un detalle que la dirección de fotografía aprovecha para crear una sensación constante de desorientación controlada.

Otro apartado son los efectos visuales, supervisados por equipos que trabajaron anteriormente con la Nasa, y que logran dar a la amenaza biológica que mueve la trama una naturaleza coherente, que sigue las leyes de la física.

Ryan Gosling interpreta a Grace con una mezcla de pánico inicial y rigor intelectual. A diferencia de otros protagonistas del género, Grace no es un héroe de acción, y de hecho mucho de su arco depende, justamente, de reconocer ese cato. Es simplemente un hombre que utiliza el álgebra para determinar su posición en el espacio y las matemáticas para descifrar un código común que le permita comunicarse con una especie extraterrestre.

Justamente la interacción determinante en el éxito de Hail Mary ocurre cuando Grace encuentra a Rocky, un ser de un sistema solar diferente que también busca salvar a su especie. El diseño de este personaje rompe con la tradición de alienígenas antropomórficos. Es un ser sin ojos, con cinco extremidades, que percibe el entorno mediante ecolocalización y que habita en una atmósfera de amoníaco a alta presión y temperatura. Curiosamente, es un hábil mecánico e ingeniero, capaz de reparar y construir virtualmente cualquier cosa.

La representación de la tecnología de propulsión de fotones y los sistemas de soporte vital se alinean con conceptos reales de ingeniería aeroespacial. El guion de Drew Goddard mantiene la esencia del material original, eliminando las pausas excesivas pero conservando los cálculos matemáticos y el respeto por la ciencia que dan sentido a la trama.

No faltará quien vea en el éxito del competency porn que representa esta cinta —y sus similares en pantallas de todos los tamaños— un escapismo muy obvio frente a la realidad que experimentamos a diario. No me propongo, en absoluto, negarlo. En momentos en que líderes políticos de todos los colores y orientaciones, figuras públicas y personalidades de los medios exhiben una rampante incompetencia, es satisfactorio ver a gente capaz demostrar que la destreza, la habilidad y la precisión no son obstáculos para el entretenimiento masivo.

Project Hail Mary se posiciona como un referente del género al tratar la ciencia no como un accesorio, sino como la herramienta protagonista y no esconder o ridiculizar la inteligencia, sino celebrarla. Al finalizar la proyección, queda claro que la supervivencia de la especie depende de la capacidad para colaborar y aplicar el conocimiento de manera sistemática. La obra de Lord y Miller establece un estándar elevado para futuras adaptaciones, en las que la lógica prevalece sobre la conveniencia narrativa y el asombro proviene de la comprensión de las leyes naturales más simples y poderosas.