Imagínese a dos vecinos que ganan exactamente lo mismo. Uno contrata a un contador que se sabe todos los trucos de la ley para encontrar cada beneficio y cada descuento. El otro llena el formulario solo, como puede. ¿Quién creen ustedes que paga más? Obviamente, el que no sabe y no es porque uno sea más honesto, es porque el sistema es tan enredado que toca ser un experto para declarar y pagar solo.
Hay países que se hicieron una pregunta: ¿por qué no lo hacemos más fácil?
El primero fue Estonia, en 1994. Acababa de salir de la Unión Soviética y el FMI le recomendaba subir tarifas, pero hizo todo lo contrario: una sola tarifa de renta para personas y empresas del 26 %. Hoy es de 22 % y excluye a quienes ganan menos de 8.400 euros al año de pagar.
¿Y qué se ganó? Pues que declarar renta allá toma unos 3 minutos; según el propio Gobierno estonio, el formulario ya viene lleno, porque el Estado sabe cuánto ganó usted, y el 98 % de la gente lo hace por internet. Ojo, esto no es solo por la tarifa; también ayuda que sea un Estado muy digital y ágil. Con una tarifa y pocos descuentos, es mucho más fácil que el formulario llegue listo.
Más de 30 años después, la Tax Foundation, un centro de pensamiento de mercado, tiene a Estonia como el mejor sistema de impuestos de los 38 países de la OCDE y lidera hace más de 12 años. Por el contrario, nosotros somos el puesto 37 en ese mismo ranking, ganándole solo a Francia: el país con más gasto público del mundo.
¿Y la plata del Estado? Se supone, según dicen, que unificar y bajar tarifas hunde el recaudo, pero Estonia rompió este mito. Según un informe de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, ese Gobierno demostró que, al bajar la tarifa, quitar beneficios y ampliar la base de quienes pagan, sucedió todo lo contrario.
Y no es el único. Hay más de una docena de países con tarifa única, sobre todo en Europa del Este y Asia Central. Bulgaria y Rumania cobran 10 %, y Hungría, 15 %.
Eso sí, Estonia tampoco es perfecta. En 2025 subió la tarifa de 20 % a 22 %, dentro de un paquete de alzas de impuestos, y el Parlamento lo frenó después de un segundo aumento a 24 %. A mí eso me deja una lección clarísima: si el gasto se dispara, tarde o temprano toca subir impuestos, hasta en Estonia.
Por eso la solución más efectiva, además de tener un flat tax, es no subir el gasto público ni aumentar la burocracia.
¿Colombia? Un caos. El impuesto de renta de las personas tiene siete tarifas, de 0 % hasta 39 %. La corporativa es de 35 %, cuando el promedio de la OCDE es de 24,2 %. Este año, la Dian espera cerca de 7 millones de declarantes y para tener que declarar basta con haber movido más de unos 70 millones de pesos en el banco o ser responsable de IVA.
¿Y si fuera una sola tarifa? Baja, sin excepciones, solo con un piso exento para el que menos gana y de resto que todo el mundo pague. ¿Se evadiría menos? ¿Sería más fácil declarar? ¿Llegaría más inversión? No se puede prometer, pero sin duda, el recaudo va a ser muchísimo más eficiente. Lo que sí es un hecho es que no se puede bajar la tarifa si gastamos más y por eso lo primero sigue siendo el recorte exponencial del Estado.
Si Estonia se hizo la pregunta en 1994, nosotros, 32 años después, deberíamos empezar a considerar otra herramienta, fácil, sencilla y que le cueste menos a la gente.
Pero lo que sí podemos decir es que definitivamente el sistema actual no funciona.
