Las denuncias públicas hechas por Angie Rodríguez y Eva Ferrer, quienes formaron parte del ‘círculo de poder’ de Gustavo Petro y Verónica Alcocer, así como las hechas por Deicy Jiménez, una de las personas probablemente instrumentalizadas por quien llegó a la Casa de Nariño en 2022, ponen ‘el dedo en la llaga’ al mostrar lo que es realmente la izquierda colombiana, en caso de que lo declarado por ellas sean verdades verdaderas.
Los escándalos protagonizados por la cabeza de los ‘progres’ y por aquellos que involucran a sus allegados, tanto familiares como políticos, solo confirman que la descomposición de una ideología zurda, que dudosamente alcanzó el poder, no lo hizo para cumplir las promesas de campaña, sino para causar daños casi irremediables a un país que durante muchos años ha luchado contra los embates sangrientos del socialismo y contra una sociedad pujante y trabajadora a la cual odian sus adeptos.
Las irregularidades que ha encontrado el Gobierno del presidente De la Espriella en las diferentes entidades dieron origen a la publicación del Libro de la verdad, el cual se entregó a los organismos de control para las respectivas investigaciones, donde se muestran más de 80 casos de presunta corrupción heredados de la nefasta administración ‘progre’ liderada por Petro y sus alfiles; los principales hallazgos están relacionados con la UNGRD, desfinanciación en programas sociales, inconsistencias en programas de energía y nóminas paralelas, el gasto fiscal desbordado y las finanzas del Estado en cuidados intensivos, entre otras.
La contratación temporal de 48 mujeres por la Casa de Nariño, las cuales probablemente llevaron a cabo actividades diferentes a lo que se estableció en sus contratos, el posible consumo de narcóticos, entre ellos el conocido como Tusi, la presunta relación con menores ‘trans’ y otras hipotéticas actividades aún sin denunciar, llevan a pensar que el palacio presidencial pudo haber sido convertido en un lupanar, donde seguramente se vivieron momentos como los descritos del emperador Nerón. Sin ninguna duda, todo ello, de ser cierto, lleva a expresar el repudio nacional hacia quienes ultrajaron el señorío y la grandeza del solio de Bolívar.
Los vergonzosos pactos denunciados son otra perla del gobierno saliente y entre ellos está el Pacto de la Picota, donde Juan Fernando Petro, acompañado de Juan Danilo Rueda, visitaron a los caciques políticos presos, reconociendo que en las cárceles consiguieron más de un millón y medio de votos para la campaña de Gustavo Petro; pero posiblemente el más aberrante es el Pacto de Valledupar, donde, según la denuncia, Petro quería que los paramilitares enlodaran el nombre de Álvaro Uribe, Abelardo de la Espriella y Germán Vargas Lleras para que su heredero lograra ganar la Presidencia.
Las visitas a las cárceles parece que tienen algo especial para los ‘progres’, pues de acuerdo con los medios, Juan Danilo Rueda también aparece acompañando a Piedad Córdova e Iván Cepeda en las visitas a cárceles de EE. UU., ‘posiblemente’, buscando enlodar el nombre de Álvaro Uribe, como se ha mencionado repetidamente; parece que los ‘progres’ también tienen el aval divino, pues la exesposa de Petro declaró la insólita pretensión de ‘ungir’ a los presos: “A las cárceles iba porque me encantaba escuchar y darles una oportunidad, darles una mano. Iba a ungir a los presos, porque el don de la unción existe”, según sus propias palabras.
El gobierno saliente se ha caracterizado por el poder ilimitado concedido a muchas personas del círculo de poder Petro-Alcocer, los cuales se representan en la capacidad de hacer nombramientos en entidades estatales, cobros de coimas, flujo de dineros de dudosa procedencia, impunidad para cabecillas narco-terroristas, viajes al exterior con acompañantes probablemente pagados con dineros de entidades oficiales, nacionalizaciones ‘expres’, retiro de oficiales de la Fuerza Pública y otros, pero bien es sabido que ‘el mico vestido de seda, mico se queda’, como afirma el refrán popular.
Después de escuchar sobre los escándalos y los presuntos actos de corrupción que han salido a la luz involucrando al gobierno Petro, muchos colombianos se estarán preguntando: ¿A quién se eligió en 2022 para dirigir al país? ¿Dónde quedó la lucha contra la corrupción que pregonó la campaña de Petro? ¿Dónde está la paz total que prometió Petro? Las respuestas solo llevarán a confirmar que muchos se dejaron engañar por la dialéctica y la narrativa de la izquierda, que las falsas promesas solo fueron castillos en el aire para atraer incautos que se dejaron utilizar con fines políticos para eternizar al socialismo en el poder y convertir al comunismo en una forma de vida para restringir las libertades y atropellar la democracia.
Las elecciones de 2027 están a la vuelta de la esquina y el panorama nos muestra a Petro en jaque y denunciado por sus aliados, no por la derecha; la izquierda polarizando aún más a la población y propiciando marchas en contra del Gobierno, la salud en recuperación, la energía y el gas al borde del colapso por desidia del gobierno saliente, la economía en cuidados intensivos y la Fuerza Pública, con el presidente a la cabeza, recuperando la seguridad en todo el territorio, así como combatiendo frontalmente al narcotráfico, cáncer que afecta a Colombia y que dejó crecer exponencialmente el gobierno saliente.
Una cosa es creer y defender los postulados de la ideología de izquierda, pues eso lo permite la democracia, mientras que, de otro lado, es aberrante que los seguidores cometan barbaridades como las denunciadas, pues muestran no solo el error craso de apoyar a quienes odian a Colombia, sino que la amarga experiencia de colocarlos en el poder y sus desastrosos resultados confirman que no estaban capacitados para gobernar, sino que desde el primer día se dedicaron a preparar el ambiente para que los reeligieran. Ojalá la justicia actúe prontamente para establecer las responsabilidades y lograr que lo robado a las arcas del Estado sea restituido para beneficiar a quienes lo necesitan y se castigue a los delincuentes.
Quien no aprende de los errores, naufraga en el fracaso; es lo que puede suceder en caso de que quienes creyeron en la frase de Francia Márquez de que “vamos a vivir sabroso” sigan aún pensando en abrazar esta errada interpretación de la vida. Todos tenemos que ayudar a reconstruir el país y hacer el mejor esfuerzo para que el progreso y el bienestar de los colombianos sean una realidad. Colombia no puede fracasar en las próximas elecciones.
