A medida que pasan los días, poco a poco la gente se olvida de Maduro, metido en una lóbrega celda de una cárcel en Nueva York.
Delcy Rodríguez, con su obligada doble personalidad de defensora de la soberanía y ejecutora de la voluntad del Estado administrador, incurre en ciertas contradicciones como la recaptura y posterior liberación de Juan Carlos Guanipa, amigo de María Corina Machado.
Seguramente, algunos personajes del régimen que siguen incrustados en Venezuela comienzan a creer que lo sucedido con el dictador fue una coyuntura pasajera y que, como sería improbable otra operación “Resolución Absoluta”, poco a poco retoman aliento.
También creen que cuentan con la progresiva opinión desfavorable a Trump en los Estados Unidos, entre otras cosas, por las actividades del Servicio de Inmigración (ICE por sus siglas en inglés). A eso se agrega el reciente y significativo show de Bad Bunny, en el medio tiempo del Super Bowl.
Igualmente, a juicio de ellos, les favorece que Estados Unidos les empiece a apuntar a Cuba y a anunciar sanciones a los países que le vendan petróleo. Sin embargo, la crisis por la que atraviesa Cuba no es cosa nueva y viene de tiempo atrás. Es el resultado del colapso de la economía y del sistema socialista, ya sin el liderazgo de un caudillo como Fidel Castro. Algo parecido a las causas de la caída del Muro de Berlín y de la desintegración de la Unión Soviética.
Para neutralizar ese sentimiento de reacomodo, en Venezuela será indispensable que la gente comience a salir a las calles. No puede quedarse agazapada a la espera de que Diosdado Cabello sea “extraído” y que el general Padrino López marche al exilio.
Hay voces en la patria del Libertador que temen que los inversionistas de todos los colores y matices, indispensables para la recuperación del país, se demoren si la situación no se clarifica en un corto plazo.
Entretanto, muchos se lamentan de que, sabiendo cómo era Chávez y viendo las medidas que estaba implementando, votaron nuevamente por él en elecciones subsiguientes. Y que, entre tanto, del país más rico de América Latina, el comandante Chávez enviaba petróleo a los amigos, sacaba oro hacia ciertos Estados, compraba armamentos a Rusia, seducía con ayudas a los países angloparlantes del Caribe y hacía importantes aportes a campañas de políticos, no solo en América Latina, sino en Europa y en Estados Unidos.
Al mismo tiempo estableció una relación privilegiada con Irán y su mesa de tres patas: Hamás, Hezbolá y los Hutíes. Sin contar con que dio acogida a los grupos armados colombianos, con la condición de que no secuestraran a ganaderos venezolanos en los estados de Zulia, Táchira y Apure.
Cuando muchos venezolanos se dieron cuenta “en lo que se habían metido”, no tuvieron otra opción que la de emigrar.
Ojalá que se aprendan las lecciones.










