OPINIÓN

Julio Londoño Paredes

Visitas colombo-norteamericanas

La pugnacidad es el sello de la visita de Petro a Washington.
30 de enero de 2026, 11:00 a. m.

Muchos mandatarios colombianos han viajado a Estados Unidos para entrevistarse con presidentes norteamericanos. Desde Alberto Lleras Camargo, que fue recibido con los máximos honores por Eisenhower en la Casa Blanca y que luego —en un hecho sin precedentes— habló en perfecto inglés ante el Congreso norteamericano el 6 de abril de 1960, hasta la fugaz entrevista que tendrá Petro con Trump en Washington.

Por no hablar de las visitas de presidentes de Estados Unidos a Colombia. Empezando por la de Roosevelt a Cartagena el 10 de julio de 1934, de paso en un viaje hacia Hawái. El presidente Olaya Herrera llegó a Cartagena en tres trimotores, acompañado de una lujosa comitiva. Todos con finos vestidos de lino blanco y las señoras con sombreros de última moda. Después de una taza de té con bizcochitos en un club cartagenero y de un desfile de la Escuela Militar de Cadetes, Roosevelt regresó al Destroyer 244 y retomó su viaje. Sin embargo, dejó el mensaje de su política del Buen Vecino.

Luego, en el verano de 1938, en un viaje de pesca a bordo del Destroyer Houston, Roosevelt hizo escala en la isla de Providencia, en el archipiélago de San Andrés.

Posteriormente, el 17 de diciembre de 1961, el presidente Kennedy, acompañado por su esposa Jacqueline, una vedette mundial, visitó Colombia durante 14 horas. Alberto Lleras le ofreció una comida en el Palacio de San Carlos, a la cual toda la sociedad bogotana pugnó por asistir. Kennedy puso la primera piedra en un proyecto de vivienda social en el antiguo aeropuerto de Techo, dentro del marco de la nueva Alianza para el Progreso, y continuó su periplo.

El 3 de diciembre de 1982, el presidente Ronald Reagan estuvo por unas horas en Bogotá y se entrevistó con Belisario Betancur, que había iniciado una administración “socialista”, no obstante que pertenecía al partido conservador. Llegó procedente del Brasil y en su discurso en la Presidencia en Brasilia, confundió a Colombia con Bolivia como su próximo destino. El mandatario colombiano ordenó a la Cancillería cambiar rápidamente el discurso que tenía preparado, para hacerlo “duro”, frente a la política norteamericana en Centroamérica.

Durante ese dilatado período, nunca una entrevista presidencial entre un mandatario colombiano y uno norteamericano se ha producido en medio de tanta tensión y pugnacidad, como la Petro y Trump.

Desde que asumió la Presidencia el mandatario estadounidense, Petro emprendió una “diplomacia de micrófono”, de “mensajes en X” y de peroratas improvisadas, que generaron una escalada de medidas contra él, comenzando con quitarle la visa norteamericana e incluirlo en la Lista Clinton, y amenazarlo con una “extracción” igual a la de Maduro en Venezuela. Trump no se ha quedado atrás y en varias oportunidades se ha referido en los peores términos al mandatario colombiano. En medio de esa situación, surgió la sorpresiva invitación de Trump a Petro para reunirse en la Casa Blanca.

Las recomendaciones sobre la necesaria prudencia en la entrevista con Trump, que se hicieron a Petro, seguramente pasarán a la caneca de la basura, dadas sus improvisaciones oratorias, las cuales habrían dejado estupefactos a Roosevelt, Kennedy, Reagan, Olaya Herrera, Lleras Camargo y Belisario Betancur.