En 2025, el hallazgo de 3I/ATLAS sorprendió a la comunidad científica, convirtiéndose en el tercer objeto interestelar identificado cruzando por nuestro vecindario, un viajero procedente de fuera del Sistema Solar que no solo captó la atención de astrónomos, sino también del público.
Aunque ya se dirige hacia el exterior a una velocidad cercana a los 58 kilómetros por segundo, su travesía aún no concluye. Observatorios en la superficie terrestre y telescopios en órbita continúan siguiéndolo para intentar descifrar su composición, su forma y sobre todo, su origen.
Mientras el objeto se aleja, surge una pregunta inevitable: ¿es posible alcanzarlo antes de que desaparezca para siempre y más a esa velocidad?
Una maniobra extrema para darle alcance
Un estudio reciente divulgado en la plataforma arXiv por investigadores de la Initiative for Interstellar Studies explora una alternativa que hasta hace poco parecía improbable.
La propuesta consiste en utilizar una estrategia conocida como Maniobra Solar Oberth (SOM).
Esto implicaría enviar una nave hacia las cercanías del Sol y en el punto más próximo, encender sus motores para aprovechar la intensa gravedad solar como impulso adicional. Esa “patada gravitatoria” permitiría que la sonda salga disparada a mayor velocidad en dirección a 3I/ATLAS.
Los análisis indican que la mejor ventana para un lanzamiento estaría entre 2031 y 2037, siendo 2035 el año más eficiente desde el punto de vista energético.

Sin embargo, incluso con esa planificación, el encuentro no sería inmediato:
“La misión de referencia requiere un SOM a 3,2 radios solares desde el centro del Sol, con una intercepción después de 35-50 años”.
Para lograrlo, el proyecto requeriría una combinación de potentes impulsores de combustible sólido y una nave de gran capacidad, reabastecida previamente en órbita baja terrestre.
“Como es inevitable con un SOM, parte de la masa de la carga útil se necesitaría para un escudo térmico que protegiera contra el alto flujo solar en el perihelio bajo”, recoge la investigación.

Los desafíos de una misión a medio siglo
El plan, aunque viable en papel, enfrenta obstáculos considerables.

- El primero es tecnológico: diseñar una protección térmica que soporte condiciones cercanas al astro rey sin comprometer los instrumentos científicos.
- El segundo es energético: Una travesía de varias décadas en regiones alejadas del Sol obligaría a la nave a depender de una fuente de energía nuclear de larga duración, similar a los generadores termoeléctricos utilizados en misiones espaciales de largo alcance. Sin esa autonomía, el contacto con la sonda sería imposible mucho antes del esperado encuentro.
Si la iniciativa prospera y despega en la próxima década, el acercamiento a 3I/ATLAS podría producirse hacia 2085. De concretarse, sería una de las misiones más largas y audaces jamás concebidas, con el objetivo de estudiar de cerca un fragmento de otro sistema estelar.










