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Científicos se sorprendieron este 1 de febrero al ver cómo una tormenta solar moderada pasó rápidamente a extrema

Una llamarada solar que empezó moderada se intensificó rápidamente este 1 de febrero.

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1 de febrero de 2026, 1:35 p. m.
La región 4366 del Sol sorprendió a los científicos con un aumento repentino de actividad.
La región 4366 del Sol sorprendió a los científicos con un aumento repentino de actividad. Foto: NOAA

El pasado 1 de febrero, especialistas en astronomía observaron un fenómeno inusual: una erupción solar que comenzó con intensidad moderada y se transformó en un evento extremo en pocas horas. Lo ocurrido llamó la atención de los centros de monitoreo, ya que los cambios en la actividad del Sol se dieron más rápido de lo esperado.

Un despertar solar inesperado

La alerta inicial llegó alrededor de las 5:40 a.m., cuando la NOAA informó que la región 4366 había generado una llamarada de clase M6.6, considerada moderada.

Este tipo de erupciones liberan energía en forma de rayos X y aunque son frecuentes durante el pico de actividad solar, su duración suele ser breve y sus efectos, limitados.

En este caso, la llamarada alcanzó su máximo a las 10:02 UTC y provocó interrupciones temporales en las comunicaciones por radio de alta frecuencia (HF) en la franja iluminada de la Tierra. Según el reporte, las interferencias fueron de corta duración, afectando principalmente a quienes dependen de estas ondas para transmitir señales.

Los expertos señalaron que la clase M indica un nivel medio de intensidad, suficiente para generar cierto impacto, pero sin compararse con las erupciones más poderosas de clase X. En la escala de apagones de radio, este evento correspondió a una alerta moderada, denominada R2.

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La evolución que sorprendió

Horas más tarde, la situación cambió drásticamente. Cerca de las 8:18 a.m., se registró una llamarada de clase X1.0 en la misma región del Sol, ubicada en el cuadrante noreste. Esta nueva erupción fue más intensa, con capacidad de alterar las comunicaciones y provocar apagones de radio más notorios, catalogada como R3 en la escala NOAA.

El fenómeno sorprendió porque, a diferencia de la primera llamarada, esta segunda liberó energía de forma mucho más potente. Las erupciones solares de clase X son menos frecuentes y pueden tener efectos perceptibles durante minutos u horas, dependiendo de su duración y ubicación.

Para monitorear estas erupciones, se utilizan satélites en órbita geosincrónica que miden la intensidad de los rayos X blandos emitidos por el Sol.

Cada evento recibe una letra —A, B, C, M o X— y un número del 1 al 9 que indica su magnitud dentro de la categoría.

Más tarde, alrededor de las 11 a.m., los centros de monitoreo actualizaron los datos: el flujo de rayos X había superado nuevamente el umbral de intensidad M5.

Según la NOAA, este registro, emitido a las 16:08 UTC, indicaba que la situación seguía siendo moderada (R2), aunque reflejaba que la actividad solar continuaba siendo significativa.


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