La posibilidad de un evento astronómico poco común volvió a captar la atención de la comunidad científica y del público en general. Los sistemas de defensa planetaria han detectado un caso poco común: un asteroide que aunque no tiene como objetivo la Tierra, su trayectoria podría llevarlo a chocar contra la Luna dentro de aproximadamente siete años.

Aunque situación no representa un peligro inmediato ni un escenario catastrófico para la humanidad, pero sí es lo suficientemente relevante como para mantenerse bajo vigilancia ante la comunidad científica internacional.
El cuerpo celeste, identificado como 2024 YR4, mide cerca de 60 metros, una dimensión similar a la de un edificio de gran tamaño. De acuerdo con los cálculos actuales de la NASA, la probabilidad de que impacte contra la superficie lunar el 22 de diciembre de 2032 es del 4,3%.

En un inicio, los modelos orbitales contemplaron una remota opción de colisión con la Tierra, lo que activó los mecanismos de alerta internacionales; sin embargo, análisis posteriores descartaron ese escenario y confirmaron que el posible punto de encuentro sería la Luna.

Paul Chodas, director del Centro de Estudios de Objetos Cercanos a la Tierra, explicó que el porcentaje de impacto no es definitivo y está sujeto a cambios conforme avance la investigación. Además, aclaró que estas probabilidades pueden disminuir hasta desaparecer por completo o, por el contrario, aumentar a medida que se incorporen nuevas observaciones.
La incertidumbre no se limita únicamente a la trayectoria del asteroide, sino también a sus características físicas, ya que aspectos como su masa, densidad y composición interna aún se basan en cálculos aproximados.

Una de las oportunidades más importantes para aclarar el escenario llegará en 2026, cuando el Telescopio Espacial James Webb permita obtener datos más precisos del objeto. Estas observaciones podrían modificar de forma significativa las estimaciones actuales, elevando la posibilidad de impacto incluso hasta un 30% o descartándola por completo.
Aunque por su tamaño el asteroide 2024 YR4 se asemeja al que provocó el evento de Tunguska en 1908, los científicos insisten en que, a diferencia de aquel episodio, este cuerpo celeste no representa una amenaza directa para la población de la Tierra.










