Aunque cada celular tiene una autonomía distinta según su tamaño, marca o capacidad interna, ninguno está exento de que la batería empiece a durar menos con el paso del tiempo.
Descargas más rápidas de lo habitual, calentamiento inesperado o la sensación de que el teléfono “ya no rinde igual” suelen ser las primeras señales. En medio de ese desgaste natural, también se han extendido creencias erróneas y costumbres poco recomendables al momento de conectar el dispositivo al cargador, tanto en Android como en iPhone.
Ni los cargadores ni el enchufe son el verdadero problema
Durante años se repitió la idea de que dejar el celular conectado toda la noche “quema” la batería, sin embargo, los celulares actuales cuentan con sistemas internos que regulan la entrada de energía y detienen el proceso cuando la carga se completa. Esto significa que, en la práctica, el equipo no sigue absorbiendo electricidad sin control.

Aun así, eso no implica que la batería sea eterna. Las propias marcas reconocen que este componente se va deteriorando con el uso diario, simplemente por su naturaleza. Cada recarga suma un pequeño desgaste químico que, con el tiempo, reduce la capacidad original. La clave no está en evitar enchufarlo, sino en cómo y cuándo se hace.

El rango ideal que alarga la vida útil
La diferencia entre una batería que envejece de forma normal y otra que se deteriora antes de tiempo está en los hábitos. Llevar el celular constantemente al límite —dejándolo llegar a 0% o cargándolo siempre hasta el 100%— genera un esfuerzo extra que acelera ese desgaste.

Apple, por ejemplo, ofrece un sistema que frena el proceso antes de llegar al tope y recomienda usar el dispositivo dentro de temperaturas moderadas. Samsung aplica un mecanismo similar con un límite ligeramente mayor a través del modo Proteger, mientras que Google ajusta la velocidad de carga según las rutinas diarias.










