La recepción constante de llamadas no deseadas se ha convertido en una de las molestias más frecuentes para los usuarios, generando incomodidad y tensión, sobre todo cuando se repiten varias veces al día. Aunque afectan principalmente a celulares, también alcanzan líneas fijas. Algunas provienen de empresas con fines comerciales, pero otras son intentos de engaño para obtener datos personales, información financiera o dinero.

La situación se agrava porque los números suelen modificarse continuamente o mostrarse como “desconocidos”, lo que dificulta reconocer su origen y bloquearlos de forma permanente. Contestar este tipo de llamadas, aunque parezca una acción inofensiva, podría abrir la puerta a riesgos relacionados con el acceso indebido a información privada o la suplantación de identidad.
Ante esto, organismos como la Comisión Federal de Comercio (FTC) y el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE) han alertado sobre el incremento de fraudes que utilizan esta estrategia. Los delincuentes se aprovechan de la costumbre de responder llamadas sin verificar su procedencia, convirtiendo un gesto cotidiano en una posible amenaza.

¿Qué hacer para protegerse ante una llamada spam?
Ante una llamada inesperada, la FTC recomienda recopilar información básica antes de tomar cualquier decisión. Pedir datos claros permite evaluar la legitimidad del contacto con mayor criterio. Solicitar el nombre de la empresa, el motivo de la comunicación y un número oficial de contacto facilita detectar inconsistencias o explicaciones poco creíbles. Si la persona que llama evita responder o presiona para obtener datos personales con urgencia, lo más prudente es desconfiar y finalizar la conversación.

Además, pedir referencias verificables también permite contrastar la información con la que aparece en páginas web o documentos oficiales de la entidad mencionada. Esta comprobación independiente actúa como un filtro eficaz frente a posibles engaños.
El hecho de que quien llama conozca datos personales, como nombre completo o domicilio, no garantiza que se trate de un contacto legítimo. Esa información puede haberse obtenido de registros filtrados o bases de datos comprometidas.

Los estafadores suelen construir relatos convincentes para generar confianza y obtener más información. Por ello, no se debe compartir ningún dato sensible, especialmente contraseñas, códigos de verificación, números de cuenta o información bancaria.
Si la llamada resulta sospechosa o adopta un tono alarmista, la recomendación es interrumpirla y comunicarse con la institución por vías oficiales. Utilizar teléfonos publicados en documentos, tarjetas o sitios institucionales permite confirmar si el contacto fue auténtico o parte de un intento de fraude.










