Durante años, las tarjetas MicroSD se han convertido en una solución práctica y económica para ampliar el almacenamiento de celulares, cámaras, drones y otros dispositivos electrónicos. Su tamaño reducido y facilidad de uso las convirtieron en un accesorio casi imprescindible.

Sin embargo, expertos advierten que confiar información importante —como fotos familiares, documentos laborales o copias de seguridad— a este tipo de tarjetas puede ser un error costoso. Aunque resultan útiles para tareas puntuales, no están diseñadas para proteger datos críticos a largo plazo.
El principal problema no es su popularidad, sino sus limitaciones técnicas. A diferencia de otros sistemas de almacenamiento, las MicroSD tienen una vida útil corta, son vulnerables a daños físicos y presentan mayores riesgos de pérdida de información.

En muchos casos, los archivos guardados en una tarjeta microSD permanecen almacenados durante años simplemente porque el usuario se olvida de ellos. Al ser un producto económico y fácil de reemplazar, cuando la memoria se llena suele guardarse en un cajón y sustituirse por otra, una práctica que desaconsejan.
De acuerdo con XDA Developers, reseñado por Computer Hoy, las microSD no son adecuadas como sistema de almacenamiento a largo plazo, principalmente porque la recuperación de datos es casi imposible cuando se dañan o se corrompen. Además, su diseño extremadamente delgado y frágil hace que puedan doblarse o aplastarse con facilidad, aumentando de forma considerable el riesgo de perder la información.

Las tarjetas microSD actuales están construidas como una sola pieza compacta, en la que el controlador y la memoria flash NAND quedan integrados dentro de un mismo bloque de silicio y resina. Este diseño impide aislar componentes dañados, por lo que, si el controlador falla, resulta prácticamente imposible acceder a la información almacenada. A diferencia de otros soportes, no existe una forma sencilla de intervenir físicamente la tarjeta para recuperar los datos cuando sufre un daño interno.
A esto se suma una limitación propia de la memoria flash: los datos se conservan gracias a electrones retenidos en transistores que, con el paso del tiempo, pueden escaparse de forma natural.

Aunque este fenómeno afecta a todos los dispositivos de este tipo, las microSD son especialmente vulnerables debido a su alta densidad de almacenamiento, el uso de materiales económicos y sistemas de corrección de errores más limitados. Por ello, una tarjeta guardada durante años sin uso puede perder información de manera silenciosa, incluso sin haber sido manipulada.










