Estamos a escasos tres días de tener la más importante celebración de los últimos años, pues se nota la alegría en el pueblo colombiano de haber podido cambiar el corrupto gobierno de izquierda, caracterizado por el robo descarado de las arcas del Estado, así como por la impunidad y protección a diferentes malhechores, sumados a los escándalos que salpican diariamente a los más cercanos lacayos y familiares del inquilino de la Casa de Nariño; cambio hecho por un gobernante que sí tiene visión de estadista, se comporta como un estadista, se rodea de gente preparada, quiere a Colombia y a todos los colombianos, respeta la democracia y las libertades, y busca el bienestar y el progreso de todos los ciudadanos.
Con la llegada del presidente De La Espriella se abre paso a una nueva era en la vida política, económica y social de Colombia, dejando atrás los oscuros días del comunismo, tendencia ideológica desprestigiada en el planeta, que permitió la manipulación del país por el petrista mayor, sus alfiles y sus siervos del proletariado. Se puede afirmar que con esto se le ha dado el puntillazo final al famoso petrosantismo, alianza funesta que, siguiendo los dictámenes del castrochavismo, buscó destruir al país y polarizar a la población, generando brechas infranqueables en una población que fue alimentada con el odio, la lucha de clases, el engaño y la mentira.
Como consecuencia de la derrota del “heredero petrista”, la izquierda está más fragmentada que nunca, pues estaba convencida de que con todas las triquiñuelas empleadas en las elecciones iba a ganar nuevamente la Presidencia de la República. Es increíble ver cómo ‘se destapa la olla’, pues unos “progres” acusan a otros “progres”, y cómo los otros acusan a terceros, encauzando siempre la vista hacia el mismo “director de orquesta”, que como siempre quiere pasar agachado. Nuevos escándalos aparecen cada día y seguramente otros continuarán saliendo a la luz pública durante mucho tiempo, pero lo importante es que la justicia se aplique en forma oportuna contra todos los bandidos, para que sirva no solo de escarmiento, sino de disuasión ante el delito, confirmando que “el delito no paga”.
Es increíble el cinismo de algunos zurdos, como el bachiller Bolívar, que califica de ‘minúsculo’ el escándalo de corrupción que vincula a las hermanas Guerrero con el carrusel de contratos que estas dirigían, pero hay otros casos aberrantes, como el de la señora Muñoz, señalada posiblemente de ‘hacer ochas y panochas’ en la aeronáutica, como reza el adagio popular. Lo interesante del tema sería lograr conocer quién guiaba los hilos de estos entramados de corrupción, porque es difícil creer que las involucradas, debido a su corta edad y falta de experiencia, hubieran podido planear y ejecutar estos aberrantes casos de podredumbre. Ojalá salgan a flote los autores intelectuales de estos montajes y la justicia cumpla su cometido.
La izquierda no alcanza a digerir aún el daño que ella misma ha causado a su ideología política con los desastres del Gobierno petrista, pero seguramente estará rumiando sobre el daño que quiere causar al nuevo Gobierno. Es muy probable que nuevamente esté planeando incendiar al país, como lo hizo durante el gobierno Duque, escudándose en la famosa “protesta social”, para convertirla en un “estallido social” de consecuencias impredecibles, pues busca reinar sobre las cenizas de la democracia que no pudo acabar en los últimos cuatro años. Ojos abiertos y oídos atentos ante las negras intenciones zurdas.
La narrativa empleada por Petro al insistir que tiene pruebas de fraude en las pasadas elecciones y que no reconoce al presidente De La Espriella, así como el discurso de Cepeda que promueve una “desobediencia civil pacífica”, son los argumentos que requiere la izquierda para justificar la generación del caos y la anarquía con sus seguidores. Ante esta situación, Petro y Cepeda argumentarán que las marchas se salieron de las manos por la intimidación y provocación de la Fuerza Pública y se convertirán en “víctimas de la oligarquía”, lavándose las manos, como lo han hecho hasta la fecha. Vienen tiempos difíciles y violentos promovidos por el odio y el rencor de muchos desadaptados que son estimulados por cabecillas resentidos.
El Gobierno saliente ha buscado ‘limpiar la olla’ y muchos creen que hasta se la llevaron; la situación macroeconómica, el déficit fiscal, la deuda externa, la devaluación y el alto costo de la canasta familiar son algunas de las complejas situaciones que va a encontrar el nuevo Gobierno, además de la presión injustificada de quienes equivocadamente creen que estos problemas se solucionan con una varita mágica. Seguramente, como en el juego de la pirinola, a todos los colombianos nos tocará participar de una u otra forma en aplicar el remedio ante esta grave enfermedad. Indudablemente, nos tocará el ‘todos ponen’ para ayudar al nuevo Gobierno a que enfrente con éxito estos líos que dejó la mala experiencia del gobierno “progre”.
Tenemos que aprender. El proyecto político “progre” ha fracasado; el comunismo solo deja tristeza, pobreza, hambre y decepción. Ojalá los amigos de la izquierda y los incautos hayan aprendido de esta desastrosa experiencia.
